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sábado, junio 27

¿De qué trata realmente el Kama Sutra?

Tomado de Excélsior FRANCISCO MASSE

En el habla popular, la palabra kamasutra —así, toda junta— sirve para aludir a la práctica del acto sexual en la que los amantes adoptan una gran variedad de posturas. Por ejemplo: “Estuvo increíble, güey, nos echamos todo el kamasutra completo”, me dijo alguna vez una amigo, refieriéndose —no sin alarde: ya sabe usted cómo somos los machos humanos cuando se trata de ensalzar las propias capacidades amatorias— a las seis o siete posiciones sexuales en las que consumó a nivel físico su más reciente aventura, y que le parecían toda una proeza digna de relatarse.

Desde luego se creía mucho y, la verdad, qué bueno que lo disfrutó tanto como para contármelo. Pero, y de eso se tratan estas líneas, el Kama Sutra —así, separado— no es sólo un catálogo de posiciones sexuales acrobáticas, como nos lo han hecho creer las revistas frívolas tipo Cosmopolitan y las películas de corte erótico que aprovechan las connotaciones del título para atraer gente morbosa y calenturienta a la taquilla, sino un antiguo tratado práctico y filosófico para conducir la vida por la senda de la virtud y la gracia.

El Kama Sutra aborda los temas del amor, el deseo, el placer, los lazos familiares, la vida matrimonial y otros aspectos relacionados con las artes amatorias que no necesariamente se refieren al sexo. Quizá esto pueda resultarle toda una revelación y desee saber cuáles son esas otras “artes amatorias”. Para allá nos dirigimos; pero como Jack “el Destripador”, vayamos por partes.

Algunos especialistas consideran que Vatsayana no es el autor de los 1250 versos que lo conforman. El Kama Sutra —del sánscrito kama, ‘deseo’ y sutra, ‘hilo, manual’; “manual del deseo”, entendido éste como algo que engloba al deseo sexual pero no se limita exclusivamente a éste— es un texto antiguo que se considera la primera obra sobre la sexualidad humana. Está escrito en verso, en lengua sánscrita, y se atribuye al poeta indio —natural de la India, y también hindú, porque practicaba el hinduismo— Mallanaga Vatsayana, quien debió de haberlo escrito en el siglo II de nuestra era; sin embargo, su origen preciso es nebuloso y algunos especialistas consideran que Vatsayana no es el autor de los 1250 versos que lo conforman.

De cualquier modo, fue traducido al inglés en el siglo XIX por el explorador, diplomático, cartógrafo, lingüista, espía y escritor británico sir Richard Francis Burton, quien publicó en 1883 la que es, hasta hoy, la más difundida de las traducciones del llamado “libro del amor”, la cual circuló de manera subrepticia entre ciertos círculos de la sociedad europea —a veces, incluyendo unos grabados que ilustraban aquello que la reprimida imaginación victoriana no alcanzaba a imaginar—, y muchos años después se publicó de manera corriente.

El texto está distribuido en 36 capítulos que se dividen en siete libros o partes:1. Consideraciones generales, 2. De la unión sexual —el libro más famoso con sus 64 posturas, aunque también aborda los besos, los abrazos, las mordidas, los arañazos y el sexo oral—, 3. Acerca de la adquisición de una esposa, 4. Acerca de la esposa, 5. Acerca de las esposas de otros hombres, 6. Acerca de las cortesanas, y 7. Acerca de los medios para atraer a los demás. Al parecer, a mediados de los años ochenta alguien hizo una versión que incluía solamente el segundo libro, y lo hizo circular de manera independiente bajo el título de Kama Sutra, y quizá esa misma versión fue la que llegó a la internet, haciendo que mucha gente pensara que ese libro era la totalidad del libro y que el Kama Sutra no era sino un listado de posiciones para el coito, las cuales se recomendaban de acuerdo a las preferencias y los alcances —sí, hablamos de centímetros— de cada pareja.

Recordemos que este texto fue elaborado en un tiempo y una cultura completamente alejados de la mirada judeocristiana, que a menudo considera a la sexualidad humana como algo un impulso bajo e inferior que debe ser controlado o cancelado, de modo que la unión sexual es vista como una más de las vías en las que el ser alcanza la plenitud. Más allá del segundo libro —al que no me referiré porque sus 64 posiciones han sido abordadas, estudiadas, ilustradas, satirizadas, intentadas y ejecutadas hasta el cansancio en multitud de medios de comunicación impresa y audiovisual, con mayor o menor fidelidad a lo que dice el texto original, hasta el punto de la saciedad—, Vatsayana da consejos al joven amante acerca del comportamiento que debe adoptar fuera y dentro de la cama.

En el capítulo tercero, por ejemplo, lo insta al estudio de las 64 artes —cuyo número corresponde al de las posturas de la unión sexual—, entre las que se encuentra habilidades como: cantar, tocar un instrumento, bailar, escribir y dibujar, tocar música con vasos de agua, la magia, el arte culinario —o sea que los hombres que cocinamos tenemos cierta ventaja sobre los incivilizados a quienes se les quema el agua tibia—, la mímica y la imitación, la química y la mineralogía, el arte de hacer hablar a los loros, el arte de perfumar el cuerpo y el pelo, componer poemas, saber de diccionarios y vocabulario, y el arte de la guerra.

Resulta curioso cómo una visión amplia de la vida en compañía de otros —ya sean amantes, esposas, cortesanas, familiares o amigos— se convirtió, con el tiempo, en una manifestación más de la gastada fantasía anglosajona de “los orientales y su exotismo sexual”. Algo similar sucedió con Las mil y una noches —también traducida por Burton—, que puso en la mente de los europeos libidinosos palabras como harem y odalisca, llenándolas de connotaciones meramente hedonistas y falocráticas, que en mucho se parecen a las que el imaginario colectivo conserva sobre el Kama Sutra.

Y como, insisto, es un libro pragmático que evita los juicios morales a los que estamos acostumbrados del lado de las culturas judeocristianas, también da consejos sobre cómo ganar los favores de las esposas de otros hombres Los demás libros hablan de los aspectos que debe considerar un hombre para tomar una esposa, de las clases sociales y cómo tratar a cada una —recordemos que la sociedad india de entonces se encontraba rígidamente estratificada en castas—, de cómo cortejar y de cómo crear confianza en la futura esposa.

Y de pilón, da algunas recetas tradicionales para favorecer el vigor sexual e, incluso, para alargar el lingam —o sea, el pene—. Y si usted desea saber cuáles son estas recetas, le recomiendo que, antes de averiguarlas, acceda a alguna de las versiones disponibles del Kama Sutra y pasee por entre sus páginas antes de ceder a las ideas genitalistas occidentales y a las obligaciones que nos ha legado la pornografía sobre las durezas y las longitudes que uno debe ostentar para poder calificar como “un buen amante”. Porque ahora resulta que todos necesitamos pastillitas azules. Pero, como siempre digo, eso ya es otro cantar...

viernes, mayo 1

Perdón, sexo sentido y juegos eróticos


...Y lo único que no me se perdonar
es no mirarte
ni escucharte
ni palparte o saborearte
o dejar de oler tu aroma neutro
porque eres el único arte,
el sexo sentido, 
que solo contigo he conocido

Juegos eróticos y sensuales

DE NIÑOS Y NIÑAS MALAS, MUY MALAS

Publicado por 

Ok, so pretexto del día del infante, que mejor idea que jugar a los roles, es decir, cuando usamos esta expresión hablamos de ama y sumiso, sumisa y amo, amos y sumisa, amas y sumiso y la mejor de todas las mezclas sumisas o sumisos para un solo amo o ama… Mmmm qué rico es pensar en un grupo dispuesto a dar placer con una palabra: “sí, amo”.
Pero éste, no es el único juego de roles que hay, en esto de jugar, la imaginación es el límite, por ejemplo, para este fin de semana me gusta la fantasía de la “niña mala” que se merece un buen castigo. O mejor aún, el joven inexperto con la mujer mundana.
¿Ya me entendieron?, una rica forma de ponerle “sal y pimienta” a la pareja es jugar “a qué somos”, se acuerdan cuando de niños jugábamos al Papá y la Mamá, pues algo así, que tal disfrutar de un rico fin de semana jugando al ginecólogo coqueto con la tímida paciente, ¿que se necesita?, pues una bata, unos lentes y una faldita corta.
Qué tal ella, la maestra insatisfecha, y uno, el joven estudiante, deseoso de conocer el infinito “stock” de orgasmos que la educando tiene guardados para su alumno más avanzado.
Como se ve, los roles son tan excitantes como uno quiera; un clásico en esto de jugar a qué somos, obvio, jugar sexualmente, qué tal la típica situación del desalmado casero que exige el pago de la renta en “dinero o especie”.
O para ellas, el fontanero sexy que llega a reparar la lavadora cuando ella está a punto de darse un baño.
Estos juegos son la mejor forma de ponerle un poco de humor al sexo, que si bien el hecho de sudar e intercambiar humedades con otra persona es cosa seria, eso no quiere decir que no se pueda jugar.
Y es que en esto de las fantasías y roles hay tanto de donde escoger, por ejemplo, un juego delicioso es que la pareja entre toda (o) sexy a un cantina, donde todas las miradas se posen en su cuerpo, para después llegar y jugar a que te “conquisto” porque eres una niña que quiere ser mala, muy mala.
Para los adoradores de la “vela perpetua”, está jugar a la monja desalmada y la “novicia rebelde” que requiere y necesita una reprimenda ejemplar o mejor aún, como diría una amiga mía: ¿y si jugamos al crimen del Padre Amaro?.
Jajajajaja… Ese juego me da mucha risa, porque la verdad el cuello que usan los sacerdotes a mi no me va, pero en fin, la lucha se le hace.
Pero si de fantasías se trata, qué tal jugar a que eres la astronauta que por un error está desnuda y sola en la Estación Espacial Internacional y yo soy el valiente que te va rescatar.
Como la tarea para este largo y fálico fin de semana es jugar… Tener sexo en medio de risas, inventando nuevas situaciones, sonidos y aromas. Si el sexo es cosa sería, qué rico poder intercambiar fluidos y humedades jugando a que somos, como cuando éramos niños.

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